En el diccionario del caballero argentino, el "vamos miti-miti" es mala palabra. Al menos en la primera cita, el hombre sigue fiel a su costumbre de sacar la billetera cuando llega la cuenta (esto, según una encuesta a 3.700 suscriptores de Match.com, portal de citas online).
En muchas de las otras hojas del diccionario, la tecnología ha hecho estragos. "¿T gustaría slir hoy?". Los SMS le arrebataron a varios ex caballeros el último esfuerzo de valentía para llamar a la mujer que les gusta y dejar que su tono de voz - y, ¿por qué no sus palabras entrecortadas?- revelen aquello que las letras escritas jamás nos dirán.
Facebook es otro atentado a la caballerosidad. Antes, hablar con alguien que le interesaba le significaba al hombre una tarea nada menor: desde conseguir el número de teléfono hasta pasar por su casa y llevar un ramo de rosas. Hoy todo es más corto: se busca el perfil de la chica en el Face, se le manda una solicitud, y listo.
El cierre centralizado del auto dejó otros cuantos caballeros en el camino. Fue un gran avance: es cómodo, seguro... pero convengamos que esfumó esa imagen de él apurando el paso para llegar al auto y conseguir cuanto antes sacar el seguro de la puerta del acompañante, y después abrirla para ella.
Y hablando de puertas que se abren y cierran, imposible olvidar el "Pase usted, después de usted" del entrañable profesor Jirafales. El jamás hubiera pasado antes que Doña Florinda. Seguro que tampoco se hubiera animado a mandarle flores por internet.
Pero no es cuestión de lavarse las manos. Convengamos que las propias mujeres a veces repelemos la caballerosidad. No estamos seguras de querer que nos coloquen en situación de inferioridad, como si necesitáramos siempre que ellos hagan las cosas por nosotros. ¿Quién nos entiende?